RECUERDOS DE VIDAS ANTERIORES

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RECUERDOS DE VIDAS ANTERIORES

Ricardo Bru lleva a varias personas hasta su primera             infancia en una sesión colectiva de hipnosis regresiva

                                            "Madres" ocasionales protegen a "sus bebés"

Había gran curiosidad por ver en acción a Ricardo Bru, hipnólogo, diplomado en psicología clínica y avalado por muchos años de investigación en este campo. De hecho, la sala de conferencias de Príncipe Pio registró su primer lleno en esta edición del Foro, porque, además de investigador riguroso, Bru tiene cierto sentido del espectáculo y tal vez por eso ha aparecido en muchos programas de televisión, en España e Hispanoamérica.

Decimos cierto sentido del espectáculo por, consciente de la mala fama que suelen tener las sesiones de hipnosis cara al público, antes de empezar advirtió que nadie iba a hacer nada que no quisiera y que no pretendía transformar en zombis a los asistentes. Es decir, espectáculo hasta cierto punto, limitado por el respeto a la dignidad de las personas.

A partir de ahí, el hipnólogo señaló que en los últimos años se había dedicado a investigar sobre las huellas que pueden encontrarse en el inconsciente, para poder aproximarse a muchas vidas, muchos recuerdos, de una misma persona. Porque Bru posee una firme creencia en la reencarnación y por ese motivo ha encaminado su labor investigadora en esa dirección. Asegura estar encontrando, en una misma persona, huellas de otras experiencias vitales y, por lo tanto, de una pervivencia. Incluso de situaciones donde la parte más importante, que es la afectiva, marca de modo radical un antes y un después entre unas y otras existencias. Muchos de nosotros -asegura- de una forma continuada caemos en los mismos problemas no ya de tipo psicológico, sino de aceptación o no aceptación de estados afectivos. Rechazamos a personas y no sabemos por qué y, en cambio, nos sentimos seducidos por otras.

Según el conferenciante, una y otra vez intentamos sobrevivir a ese pequeño karma y no somos capaces de generar dharma o aspectos positivos que, a la vez, aplaquen esa huella, que no es más que lo que no hemos completado en otro plano de existencia, lo que no hemos conseguido hilvanar correctamente, por lo que caemos una y otra vez en los mismos errores.
                                                
Su teoría es que casi todos los seres sintientes tenemos una serie de objetivos que debemos depurar. A través de nuestra vida van sucediendo una serie de pruebas y de cómo nos enfrentemos a ellas dependerá nuestra calidad de vida.
   
Por eso es muy importante, afirma, dejar que ese archivo general de memoria que es el inconsciente -que es que retiene las huellas, las trabas- nos hable no ya de lo que sabemos, sino por qué nos equivocamos  siempre de enfoque  en determinados momentos: por ejemplo, al elegir una nueva amistad; en algunos momentos nos convertimos en aduladores, en otros somos demasiado secos o cogemos manía injustificada a una persona. Con la hipnosis regresiva, retrocediendo a un momento temprano de la existencia actual de un individuo, a la vida prenatal o incluso a sus vidas anteriores, se puede acceder a ese archivo del inconsciente. 

A continuación, Ricardo Bru ha pasado a la parte práctica de su intervención, invitando al público a participar voluntariamente en una experiencia de hipnosis regresiva. Con esta finalidad, ha dirigido una serie de ejercicios de relajación como el que se muestra en el siguiente video.

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                                              Ejercicios para alcanzar un nivel supraconsciente

Una vez logrado el ivel supraconsciente, el hipnólogo ha pedido a los participantes que pensaran en algo que siempre hayan deseado y que tratasen de visualizarlo. Luego les ha instado a recordar cuando tenían cinco o seis años y, en concreto, un momento especialmente feliz de esa edad. Tras observar los distintos niveles de concentración de los participantes en la experiencia, Bru ha seleccionado primero un grupo de ocho, que luego ha reducido a cinco.
A esas cinco personas les ha invitado a retroceder aún más en el tiempo, hasta cuando eran unos bebés de dos o tres meses y estaban acurrucados en sus cunas. Acto seguido ha solicitado la colaboración de cinco voluntarias para hacer el papel de madres, dando calor y protección a "sus bebés". Cuando el hipnólogo les ha ordenado retirar esa protección, los "bebés" han manifestado su desconsuelo con sollozos, hasta que una nueva orden les ha devuelto el bienestar y la calma.

"Están tan bien -ha dicho Bru- que cuando salgan de este nivel recordarán todo, incluso esas imágenes, hechos y datos que les han llegado en ese momento.  Habrán conseguido estar en paz consigo mismos, descargar la tensión  y tener mejor salud". Y aparentemente ha sido así, a juzgar por el coloquio que han mantenido, una vez despiertos, quienes habían vuelto a su más tierna infancia y aquellas que ocasionalmente les han proporcionado vida y amor maternal.
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