¿PODEMOS CAMBIAR NUESTRO DESTINO?

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¿PODEMOS CAMBIAR NUESTRO DESTINO?

“La existencia de un plan de vida, de un destino último prefijado para los individuos y colectividades no se contradice con la libertad humana ni con la concepción del universo que propone la nueva física”, dice Enrique de Vicente



"¿Podemos cambiar nuestro destino?", se pregunta en el título de la conferencia que ha pronunciado Enrique de Vicente en el Foro de las Ciencias Ocultas y Espirituales. La respuesta es, evidentemente, que no. Porque el destino es único e inmutable si de verdad creemos en el determinismo, es decir en la existencia inapelable de un destino para cada ser humano.

Podemos hacernos la ilusión de que, con nuestro libre albedrío, tenemos la posibilidad de evitar un destino funesto y reorientarlo hacia otro más halagüeño. Pero, a fin de cuentas. no nos va a suceder nada que no nos tenga que suceder. Un ejemplo: ¿cuál era el destino de los 33 mineros de Chile, felizmente rescatados? Está claro ahora que no era morir en la mina, como les ha ocurrido a tantos otros. Era su rescate y no su muerte, sepultados en vida a más de 600 metros bajo tierra, lo que estaba escrito en su destino.

Otro ejemplo, mucho menos dramático: la propia participación de Enrique de Vicente en el Foro, que durante bastantes minutos pareció incierta a causa de pequeños contratiempos, como retrasos y algunos problemas técnicos, que impedían la ilustración de su charla con una presentación de power point. Pero en el destino del director de "Año Cero" y prestigioso parapsicólogo estaba pronunciar esa conferencia y, además, con muy notable éxito e interés por parte del público. Y, en efecto, así fue.

Empezó el conferenciante señalando que, desde la noche de los tiempos, el ser humano ansía conocer su destino. Hoy, en medio de las transformaciones vertiginosas que vivimos y que sobrepasan nuestra comprensión, la gente sigue consultando a los videntes, en busca de soluciones a sus problemas o de un futuro que les permita evadirse de su asfixiante presente. Pero, ¿podemos, realmente, conocer el futuro? Tal posibilidad es incompatible con las concepciones vigentes sobre el tiempo y la causalidad.

Sin embargo, Enrique de Vicente, explica que “la creencia en la posibilidad de atisbar el futuro por medios no deductivos parece razonablemente avalada por numerosos casos, conocidos por la parapsicología como precogniciones”. La precognición o premonición es una experiencia espontánea y subjetiva que nos avisa de algo imprevisible que va a suceder. Si surge durante nuestra actividad vigílica, suele hacerlo como una impresión, sensación o presentimiento vago y difuso. Pero más frecuentemente se manifiesta como un sueño perturbador, que a veces nos proporciona detalles muy precisos sobre un acontecimiento futuro. La adivinación difiere de aquélla por su carácter deliberado: aquí se busca intencionalmente la visión del porvenir.

Eso, en lo que se refiere a los seres humanos, porque el periodista habló también de las singulares dotes precognitivas de algunos animales, como el archifamoso pulpo Paul, que acertó todas las quinielas del pasado mundial de fútbol, incluido el triunfo final de "la Roja", aunque el conferenciante atribuye sus aciertos más bien al propietario del cefalópodo.
Recordó también que, pocas horas antes del terrible tsunami que asoló las costas del sureste asiático en 2004, causando cientos de miles de víctimas, los elefantes de los parques naturales de la región, que habitualmente pasean a los turistas, huyeron hacia lugares de mayor altitud para evitar la catástrofe que presentían. Y aseguró que a un mono del zoo de Belgrado se le considera como héroe nacional porque, durante la guerra de los Balcanes, fue capaz de detectar anticipadamente los ataque aéreos de la OTAN sobre la capital serbia.

En los seres humanos, la mayoría de las precogniciones son de carácter personal y ponen en guardia al sujeto sobre acontecimientos, generalmente graves, que le sucederán a él o a sus allegados, siendo muy frecuentes los presentimientos de muertes, accidentes o catástrofes. Algunos deducen de ello que éstas forman parte de un mecanismo psíquico primitivo de defensa que contribuye a nuestra supervivencia y hoy conocemos como intuición o sexto sentido.


El conferenciante abundó después en casos y ejemplos en la historia reciente. Los de quienes evitaron su muerte en atentados como el de las Torres Gemelas de Nueva York o el del 11-m en Madrid.
Dirigentes políticos que, gracias a una premonición se libraron de una muerte segura, como Hitler cuando era soldado durante la Primera Guerra Mundial, o Churchill, durante la Segunda. O que escaparon de naufragios como el del Titanic o de catástrofes aéreas porque su sexto sentido les indujo a no embarcarse en el último momento.




También relató casos de personajes famosos que tuvieron premoniciones sobre la muerte de otras personas, como Jacqueline Kennedy con la de su hijo John John, o incluso sobre la de si mismos, como Peter Sellers le reveló a su amiga Shirley McLane durante el rodaje de "Bienvenido, mister Chance". Efectivamente, el cómico británico moriría poco después.

¿Por qué la gente acude a las consultas de videncia en número creciente y en ocasiones repiten sus visitas o los recomiendan a sus amigos? Porque, en mayor o menor medida, los videntes saben «ver» y proporcionar a sus consultantes aquello que buscan. La mayoría de la gente acude al vidente porque cree y porque necesita creer, y la sed colectiva de sobrenaturalidad y cobijo psicológico crece en la medida que la fe religiosa y política disminuye, aumenta la sensación de crisis global y la sociedad se deshumaniza y se vuelve más materialista.

De manera similar, el ser humano tiene ante sí –en cada momento– multitud de posibles formas de vida y de comportamiento que puede elegir libremente, pero muy poco probable que elija y consiga modificar los patrones de comportamiento heredados o aprendidos de sus padres, hábitos, tendencias, neurosis, normas socioculturales, etc.

“La existencia de un plan de vida, de un destino último prefijado para los individuos y colectividades no se contradice con la libertad humana ni con la concepción del universo que propone la nueva física”, concluyó Enrique de Vicente.
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