SOBREVIVIR EN UN MUNDO TÓXICO

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       SOBREVIVIR EN UN MUNDO TÓXICO
El bioquímico Teófilo Calvo durante su conferencia en el Foro de Príncipe Pio

Sombrío panorama el que ha trazado el bioquímico y farmacéutico Teófilo Calvo en la conferencia que ha pronunciado en el 32 Foro Internacional de las Ciencias Ocultas y Espirituales. Ya el título, "Cómo mantenerse sano en un mundo tóxico", dice bastante sobre su propósito: concienciar a los asistentes de una situación cada vez más insostenible y dar algunos consejos para intentar remediar sus efectos a escala individual.

Comenzó el conferenciante aludiendo a la proliferación de enfermedades infrecuentes pocas décadas atrás y la aparición de otras nuevas, calificadas como "raras". Estas enfermedades raras suman ya unas siete mil y el número de quienes las padecen se acerca a la del conjunto de enfermos de sida y cáncer. Algunas han dejado de ser raras en fecha reciente. Por ejemplo, en 1975 sólo se registraba un caso de Alzheimer en España, mientras que actualmente el registro es de un millón doscientos cincuenta mil enfermos.
 
Algo parecido ocurre con la fibromialgia y  tumores como el cáncer de pulmón, que era casi inexistente en la década de los 60, empezaron a subir a partir de los 70. Ahora el cáncer de pulmón es prácticamente la primera causa de muerte en la mujer. Lo mismo puede decirse de las alergias, que hace treinta años casi no existían en los colegios y ahora afectan al 45 por ciento de la población escolar de España. De seguir esta progresión geométrica, para 2050 toda la población de Occidente sufrirá alguna alergia.

¿Qué está pasando?  ¿Por qué la generación de nuestros hijos va a vivir peor que nosotros? Esto no había pasado nunca, el progreso, el avance tecnológico, había logrado que la siguiente generación viviera mejor.  Ahora nos encontramos con que nuestros hijos tienen enfermedades que nosotros no tuvimos y que van a tener que sobrevivir a ellas y que se irán transformando  esas alergias en procesos autoinmunes muy graves.
¿Por qué ocurre esto? Pues porque lo hemos provocado nosotros mismos, con el desarrollo tecnológico e industrial, porque hemos incorporado a nuestra dieta, al agua que bebemos y al aire que respiramos, a nuestro organismo en suma, una cantidad de agentes tóxicos -procedentes de vertidos industriales, pesticidas, aditivos de todo tipo, alimentos manipulados geneticamente,  exceso de medicamentos- que están haciendo mella en nuestro propio sistema inmunitario. Desde la gestación, la madre está enviando al nuevo ser todas esas sustancias que son disruptores hormonales y que afectan al cerebro del feto cuando está formándose.
En 50 o 60 años hemos pasado de un medio ambiente sin practicamente ningún contaminante a utilizar masivamente los pesticidas y, como consecuencia, a incorporarlos a nuestro organismo. A medida que los ingerimos estamos provocando alteraciones hormonales, bloqueando los puntos de anclaje de los anticuerpos, con lo que el sistema inmune deja de funcionar eficazmente. Practicamente ningún producto hortofrutícola se libra de los residuos de pesticidas: pueden encontrarse en el 63 por ciento de las fresas y en el 91 por ciento de los pimientos que se comercializan.

Además, la manipulación genética de productos agropecuarios para optimizar su rendimiento o combatir parásitos acaba incluyendo en las cadenas genéticas del ser humano unos genes cuyos efectos a largo plazo sobre el organismo no se conocen bien. Lo que sí se sabe, por ejemplo, es que la introducción en Paraguay de variedades de trigo maipuladas en los años 90 hizo que los casos de enfermedad celíaca, casi desconocida hasta entonces en aquel país, experimentase en tan sólo diez años una progresión geométrica
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Los aditivos son otra fuente de problemas, ya que su acumulación en el organismo puede causar graves daños tanto al sistema hormonal como al inmune. En los productos de alimentación, son las sustancias que figuran con la inicial "e" en la lista de ingredientes: conservantes, colorantes, antioxidantes, emulsionantes, espesantes, gelificantes, estabilizantes, edulcorantes...



También están presentes los aditivos en los artículos de limpieza. Los agentes tensoactivos de los detergentes pueden ser especialmente dañinos; hay que asegurarse de un completo y perfecto aclarado, ya que, si se ingieren,  los residuos pueden destruir la membrana celular. Los champús y geles de baño suelen contener parabenes, que son conservantes que se transforman lentamente en formol, altamente tóxico y que puede ir a parar al torrente sanguíneo.

Incluso el tabaco sería bastante menos dañino si no contuviera dos mil sustancias aditivas, entre las que se encuentran el formol, la naftalina, la acetona, el fósforo, el amoníaco, el p6, que es un matarratas...
Todos esos disruptores hormonales e inmunológicos que están surgiendo van a provocar que gran parte de la población padezca enfermedades autoinmunes: fibromialgia, artritis reumatoide, asma, enferemedad de crohn, vitíigo, diabetes 1… Hay catalogadas unas cien enfermedades autoinmunes,  que según la medicina convencional son crónicas.

Nos contaminamos también con los medicamentos, sobre todo cuando los consumimos en exceso. Más del 30 % de las enfermedades que tenemos las provocan los propios medicamentos, los efectos secundarios de otras medicinas. Para la industria farmacéutica, un enfermo crónico que ha de tomar gran cantidad de medicamentos de por vida es un muy buen cliente. Porque son enfermedades que no matan, pero dan muy mala vida.

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Sin embargo, Teófilo Calvo sostiene que las enfermedades autoinmunes sí tienen cura o, por lo menos, se puede mejorar muy sensiblemente la salud de quienes las sufren, mediante tratamientos de medicina alternativa, desde el intestino. Se trata de solucionar la respuesta inmunológica suprimiendo la ingesta de gluten, productos lácteos (especialmente leche fresca) y azúcar, que producen la inflamación de la mucosa intestinal. Incluso las personas sanas, sin ninguna patología, ven  que su estado general mejora eliminando de sus dieta esos alimentos. "Si se tiene el intestino bien preparado -dice el conferenciante- no hay por qué pillar ni un catarro".   
 
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Tenemos un gran contaminante para el que el organismo no está preparado: las redes wifi, la telefonía  y los campos electromagnéticos.  En millones  de años que lleva el ser humano sobre la faz de la Tierra, es la primera vez que estamos sometidos a campos electromagnéticos  tan potentes  y tan cercanos; antes solamente estábamos sometidos al campo magnético solar y al propio terrestre, que era el más potente. Como quiera que todas  las células tienen también un comportamiento eléctrico, el estar sometido a un campo magnético implica que hay cambios en los movimientos de los iones de las moléculas dentro de las células, dentro de los genes. Es muy difícil que conservemos un equilibrio de la salud mientras estemos sometidos a todo eso de lo que no podemos prescindir como beneficios de la sociedad moderna.

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 En España, el ictus está desbancando ya al cáncer como primera causa de muerte. Curiosamente, esta tendencia comenzó hace unos veinte años, cuando los móviles entraron en nuestras vidas. La solución a este problema es practicamente imposible, porque -como advierte el conferenciante- son tantos los intereses comerciales, políticos y sociales que ahora es imposible quitarle al niño el juguete… ¿Qué preferimos: desarrollo tecnológico o salud?  ¿Vivir cómodos o vivir sanos?

Son preguntas de difícil respuesta, como difícil es encontrar el justo término medio entre una y otra opción. Ante tan sombrío panorama, Teófilo Calvo recomienda vivir lo más sano posible, consumir una dieta rica en fruta, verdura y legumbres, con algo de pescado y pocas proteínas animales y sobre todo nada industrial, que contenga aditivos, suplementar la escasez de ciertos minerales y aminoácidos en la alimentación, tomar el menor número posible de fármacos sintéticos, depurar los agentes tóxicos de nuestro organismo mediante agentes quelantes o limpiadores y antioxidantes, de forma que su acumulación no llegue a pasarnos factura cuando, con el envejecimiento, disminuya la eficacia del sistema inmunológico, y alejarse todo lo que uno pueda de la acción de campos electromagnéticos potentes.





 

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