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Angela Ghislery e Iñaki Carmona hablaron de las psicofonías
El 32 Foro Internacional de las Ciencias Ocultas y Espirituales, que se celebra en Principe Pio, ya ha ofrecido conferencias muy interesantes en las primeras jornadas de esta edición. Así, causaron gran impresión entre los numerosos asistentes las experiencias narradas por la médium Angela Ghislery y el investigador de las psicofonías José Ignacio Carmona en torno a esas misteriosas voces procedentes de una dimensión ajena al mundo sesnorial en el que nos movemos y que son trasladadas a la realidad física mediante técnicas de registro cada vez más sofisticadas.


Carmona comenzó puntualizando que las psicofonías no son algo descubierto en fechas recientes, sino que ya en el Egipto faraónico existía la figura del teurgo, en el grado más alto de la casta sacerdotal, encargado de fabricar  artilugios con los que poder acceder a presencias espirituales como las que pueden captarse con nuestras actuales grabadoras.

Tampoco resultan una novedad en la biografía del investigador, que ya a los 12 años realizaba sus primeras grabaciones psicofónicas en casa de su abuela, donde se producían extraños fenómenos. Era una mujer analfabeta que, sin embargo, podía hablar y escribir en una forma de árabe muy clásica y erudita. Algo que atrajo la atención del obispo auxiliar de Toledo, que asistía a aquellas sesiones acompañado de un intérprete capaz de traducir los mensajes de misteriosos seres desconocidos.


Angela Ghislery y José Ignacio Carmona han trabajado juntos, desde sus respectivos ámbitos de la mediumnidad y la investigación, en el estudio de fenómenos psíquicos en lugares tocados por el misterio.

Sin embargo, ese tipo de colaboración no es un hecho novedoso, como advirtió el propio Carmona. Un ingeniero electrónico sueco, aunque oriundo de Hungría, Edgar Muller, llevó a cabo en los primeros años de este siglo varios experimentos con tres famosas médiums suecas. Su objetivo era el aspecto fonético, fisiológico y psicológico de los fenómenos psicofónicos.





 
Una de las primeras colaboraciones entre Angela Ghislery y José Ignacio Carmona tuvo por escenario el Museo Arabe de Cáceres, un caserón del siglo XIV situado en el casco histórico de la ciudad y coonocido popularmente como "la casa de los muertos". Su propietaria era amiga de Angela y le pidió que hicera algo para librarla de una presencia desconocida, una mujer,  que, desde hacía tiempo y de forma constante, se manifestaba en una de las salas del museo. La médium y el investigador quedaron en ir un dia por allí, pero antes de la fecha fijada sucedió algo extraordinario: la noche anterior Angela soñó que entraba en el museo y se encontraba con tres o cuatro espíritus y se comunicaba con ellos, tal como realmente ocurrió la noche siguiente.

 
Una vez en el museo, entraron en una habitación decorada con vestidos y cojines de estilo árabe, que era donde se detectaba esa misteriosa presencia.Inmediatamente Angela sintió que esa presencia queriía comunicarse con ella, así que pidió a Carmona que empezase a grabar todo lo que allí pasara. El espíritu era una mujer, un ser de luz en palabras de la médium, aunque estaba angustiada porque no la dejaban salir de allí desde hacía siglos y necesitaba ver el cielo y las estrellas. También pedía que se pusieran en aquella habitación unas flores blancas. Angela procuró complacer sus peticiones de ayuda  y un mes más tarde supo que aquel espíritu había dejado de manifestarse porque finalmente había logrado elevarse.

En aquel mismo caserón, Angela percibió también la presencia, en lo alto de una terraza sobre el patio del edificio, de un árabe ataviado con una capa blanca al que luego se identificó con uno de los primeros propietarios, dedicado al comercio de telas. Angela le dijo "Si te hablo, contéstame". La respuesta en forma de psicofonía, precedida por un silbido, fue "No contesta".
 
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El antiguo monasterio de la localidad toledana de Lillo, edificado en el siglo XVII y actualmente convertido en alojamiento turístico, era también un lugar fértil en apariciones fantasmales. Allí fueron la médium y el investigador y cuando éste estaba montando sus aparatos de medición y registro -cámara, grabadora, detector volumétrico, etc- Angela vio, suspendida en el aire, una mano cortada. Inmediatamente le dijo a su compañero: "Iñaki acabo de tener una visión horrible". Y en ese preciso momento todos aquellos aparatos se vinieron al suelo. 
 
Entre los numerosos espíritus que fueron desfilando por aquel lugar, Angela vio a una monja que se dirigía hacia ella tendiéndole sus manos. Cuando después se la describió al teniente de alcalde de la localidad, resultó que aquella monja era un personaje local, la beata Sagrario de San Luis Gonzaga, la primera mujer que se licenció en farmacia en España y que fue asesinada al comienzo de la guerra civil. 
Las psicofonías no siempre son voces. A veces pueden ser ruidos: puertas que se cierran, pasos o incluso ruidos producidos por animales, como pudo comprobar José Ignacio Carmona, con la grabación de un trote de caballo,  en el castillo de Montalbán, una fortaleza edificada por los templarios durante la Reconquista, en el siglo XIII, dentro del término municipal de La Puebla de Montalbán, Toledo. 
 
 
Escenario de batallas y asedios, el sufrimiento de la población civil refugiada dentro de sus muros ha quedado plasmado muchos siglos después en psicofonías que reflejan aquellos padecimientos, como esta voz infantil que proclama. "Sufro".
 
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Angela Ghislery señaló que los espíritus vienen a pedir ayuda o simplemente a dar testimonio de que hay otra dimensión, de que con esta vida no acaba todo. Y advirtió que cada uno de nostros tiene sus espíritus guías, que a veces ayudan en el trabajo, en el crecimiento espiritual o incluso en las pequeñas cosas cotidianas. También dijo que le había llenado de alegría trabajar con José Ignacio Carmona, porque ya  no recibía sólo telepáticamente sino que podía oir unas voces que quedaban registradas  como una prueba de que no eran una invención suya. 
 







 
 
 

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