MEDITACIÓN Y BIENESTAR TOTAL

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MEDITACIÓN Y BIENESTAR TOTAL

"La sabiduría es intransferible. Cada uno tiene que encender su propia lámpara interior" (Ramiro Calle)

Ramiro Calle, pionero de la enseñanza del Yoga en España, orientalista de reconocido prestigio (ha publicado más de doscientos libros) y viajero infatigable por la India en busca del alimento espiritual que le proporcionan maestros y gurús del hinduísmo, es un clásico entre los conferenciantes del Foro Internacional de Las Ciencias Ocultas y Espirituales. Desde sus primeras ediciones, Ramiro Calle ha participado numerosas veces en este evento, como él mismo ha recordado en su última conferencia, titulada "Meditación y bienestar total".

"No soy un guía, ni un consultor profesional, ni un gurú, ni siquiera un maestro, sino simple y llanamente, un instructor que trata de compartir, impartir y departir enseñanzas que ha ido recibiendo, afortunadamente, a lo largo de todos estos años", ha advertido al comienzo de su disertación, precedida por la habitual presentación a cargo de su discípulo y amigo Paulino Monje, profesor de Yoga mental.


El conferenciante ha empezado diciendo que si algo compartimos todos en un espacio común es el anhelo de bienestar, de sentirnos bien. Ejercemos una profesión para encontrar felicidad a través de los medios que nos reporta, nos casamos o tenemos hijos para ser más felices, viajamos para encontrar dicha y divertirnos, nos abocamos a todo tipo de actividades y distracciones para ser más felices...  ¿Y qué es la felicidad? Esta es una pregunta para la que no hallamos nunca una respuesta concreta, pero en cambio si la tenemos respecto al bienestar.  Todo lo que hacemos en nuestra vida, aunque a veces tomemos derroteros equivocados, es para sentirnos bien.

Todos podemos poner los medios y usar la farmacopea del yoga y de la meditación para sentirnos mejor. Pero para sentirnos mejor tenemos que empezar por saber realmente quiénes somos. Somos grandes desconocidos de nosotros mismos,   constantemente estamos buscando estados de bienaventuranza en todo y raramente los encontramos.
Ha señalado Ramiro Calle que todos buscamos el bienestar fuera de nosotros, sin darnos cuenta de que éste es, sobre todo, una dimensión de mente, un espacio de consciencia. "Somos -dice- una réplica del universo, somos un universo en miniatura, formamos parte como microuniversos del macrouniverso. Y este universo en miniatura que somos está configurado por un cuerpo, un aliento o energía y una mente. En nosotros se reflejan todos los elementos que rigen el universo".

Todos estos elementos -tierra, agua, fuego, aire y éter- se trabajan mucho en el Yoga, a través del Yoga físico o Hatha Yoga y a través de la meditación. Estos elementos aparecen en nosotros en su calidad de sutiles y en su calidad de burdos. El Hatha Yoga trata de llegar, por la conquista del cuerpo,  a la conquista de la mente. Se trabaja sobre el cuerpo físico, que contiene la contraparte burda de todos estos elementos, y se trabaja sobre el cuerpo etérico o sutil, que configura la contraparte de los elementos más sutiles.

Por eso muchas personas, cuando lo practican, se alivian de su ansiedad, de su depresión, de su fatiga crónica y de otros trastornos psicosomáticos.  En el verdadero Hatha Yoga, que invita al recogimiento y en el que convertimos al cuerpo en un laboratorio viviente, se trabaja sobre la corporeidad propiamente dicha, pero también sobre el cuerpo fluídico o el cuerpo de energía que está totalmente compenetrado con el cuerpo físico. 


Trabajando sobre el cuerpo, se va ascendiendo por esa escalera hasta llegar a la mente. Por eso el verdadero trabajo sobre el cuerpo, cuando es trabajo consciente,   es trabajo sobre la mente y forma parte de la farmacopea de herramientas del bienestar de las que todos podemos disponer. Este trabajo consciente sobre el cuerpo también es meditación, porque es meditar a través del cuerpo.
Todo es meditación cuando es trabajo consciente: las danzas sagradas, los movimientos giratorios de los derviches, las danzas chamánicas. Todo ello es trabajo consciente sobre el cuerpo para ir desarrollando o alcanzando planos más elevados de consciencia.
Y de la misma manera que a través del cuerpo se va conquistando la mente, a través de la conquista de la mente también se va beneficiando el cuerpo.  Porque, como enseñpa el Yoga desde hace miles de años, somos una unidad psicosomática; todo lo que afecta al cuerpo resuena en la mente y todo lo que afecta a la mente repercute en el cuerpo; de ahí la palabra "Yoga", que quiere decir unión."Tú eres tu maestro y tú eres tu discípulo; tú eres tu terapeuta y tú eres tu paciente", dice la sabiduría oriental. Puedes trabajar sobre tí cientificamente para ir regulando tus energías, tus emociones, tus sentimientos y tus estados de ánimo. Y sobre todo, para ir consiguiendo desarrollar la consciencia y poner todo tu interés y propósito en lo que más puede dignificar tu vida, que es la evolución de la consciencia.

Ramiro Calle ha observado que nuestra consciencia no se ha modificado en millones de años y sigue siendo mediocre, crepuscular. En nuestra mente, ha dicho,  sigue habiendo todo tipo de oscurecimientos y de corrupciones. Hay avance cibernético, hay avance científico, pero no hay un avance en la evolución de la consciencia. Algunos maestros de Yoga proclaman: "Que la consciencia sea tu dios", dando a entender que lo más importante que podemos hacer por nosotros mismos y por los demás  es estar conscientes.  Y estar conscientes quiere decir desmontar nuestro yo robótico, salir del estado de sueño profundo psicológico en el que estamos para escalar a una nueva dimensión de consciencia, donde encontraremos respuesta a interrogantes que el pensamiento ordinario no nos puede ofrecer. Es un trabajo muy lento, pero definitivo, para ir conquistando lo que hay dentro de nosotros y nadie nos puede robar.
Si realmente queremos bienestar total, no bienestar parcial, tenemos que trabajar sobre todos los elementos que constituyen nuestro ser. Y eso lo podemos hacer a través de muchas técnicas, pero hay una que es universal: la meditación. La meditación es un método para aprender a gobernar la mente, para reorganizar nuestra vida psíquica, una técnica para entrenarnos psíquicamente y poder cambiar nuestras actitudes en esta vida y darle a cada momento su peso específico.Tenemos que dejar de lado esta mente coagulada y asombrarnos un poco a nosotros mismos para empezar a estrenar cada jornada de una manera diferente. Pero no basta con decir "quiero morir y despertar mañana sin odio, sin codicia, sin celos, sin afán de posesividad, sin resentimiento..."  Tenemos que desarrollar una sabiduría no sólo estática, sino dinámica, que re almente nos transforme.
En la meditación, la mente egocéntrica tiene que parar, por eso es muy difícil meditar. Porque cuando nos sentamos a meditar, la mente sigue funcionando. Tenemos que sacrificar momentáneamente esa mente para que pueda surgir un tipo especial de mente que está más allá del ego. La meditación es detención del cuerpo y detención de la mente. Y como dice la vieja enseñanza espiritual: "Cuando el pensamiento cesa,  se levanta la luz del ser". La meditación nos enseña a bregar con todo el caos de la mente egocéntrica para encontrar una fisura que nos lleve a lo que llamamos "la mente quieta", la clara consciencia o la mente profunda.
El conocimiento no ilumina, no revela, no libera. Podemos ser un ratón de biblioteca, un Einstein, pero ¿de qué nos sirve i seguimos arrastrando nuestro esclerótico ego, si seguimos con odio, codicia, resentimiento, si seguimos siendo una fábrica de dolor y de malestar propio y ajeno?
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"Cuando vemos -ha aseverado Ramiro Calle- nos transformamos, vamos más allá del ego y de nuestras rutinas psicológicas que constante y enojosamente nos salen al paso.  Cuando vemos´-ha añadido- estamos en lo que es. La sabiduría es intransferible, cada uno tiene que encender su propia lámpara interior". Y ha finalizado diciendo que la sabiduría no es mente;  la sabiduría es mente, es corazón, es cuerpo, La sabiduría es que toda nuestra organización psicosomática la ponemos al servicio del bienestar, para nosotros mismos y para los demás.















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