ESOS CIRCULOS MISTERIOSOS
Los múltiples enigmas que encierra el fenómeno conocido como círculos de cosechas -esos enormes dibujos que de vez en cuando aparecen en campos de cultivo, principalmente en Inglaterra, en el condado de Wiltshire y cerca de los grandes monumentos megalíticos de Stonhenge y Avebury- están lejos aún de ser desentrañados, como ha puesto de relieve el matemático Vicente Fuentes en su conferencia en el Foro de las Ciencias Ocultas y Espirituales de Príncipe Pio.
Fuentes, profesor de Matemáticas, Física y Química e ingeniero técnico industrial, ha proporcionado pistas, basándose en los numerosos casos registrados en los últimos veinte años, de los que algunos han sido estudiados y documentados sobre el terreno por él mismo, como atestiguan las imágenes proyectadas durante su charla.
¿Cómo se han
formado esos círculos en una sola noche, qué energía misteriosa ha podido “peinar”,
doblar las plantas, a veces en un ángulo
de 90 grados, sin romperlas, para dibujar en diámetros de hasta 500 metros de longitud
y con absoluta precisión todos esos complejos diseños? Tal vez algún tipo de
radiación, que mantiene la apariencia de la planta pero cuyo interior se
encuentra carbonizado.
En cuanto a
las conclusiones, el conferenciante ha señalado que tales círculos misteriosos no
son fruto de la casualidad; sólo pueden ser obra de mentes superiores, con amplios
conocimientos matemáticos, físicos y astronómicos, así como de las condiciones
de vida en nuestro planeta y la historia del ser humano desde sus más antiguas
civilizaciones.
A este respecto,
Vicente Fuentes se ha referido a la intrigante respuesta a un mensaje de radio transmitido
en código binario, en formato de tarjeta perforada, por los científicos Frank Drake y Carl Sagan en 1974, desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico).
En él se contenían los datos fundamentales de nuestro planeta y sus habitantes:
localización en el sistema solar, superficie, población, bases del ADN , elementos del cuerpo humano, características antropométricas… Era algo así como lanzar un mensaje
dentro de una botella al mar del espacio
infinito y no se esperaba respuesta al mismo antes de veinticinco mil años.
Pero la
sorprendente respuesta llegó bastante antes, en 2001, y también en código
binario, en forma de círculos de
cosechas en un campo contiguo al radiotelescopio inglés de Chilbolton, en
Hampshire. Siguiendo el mismo modelo, se detallaban los mismos parámetros, pero
de otro planeta, incluyendo su posición en un sistema solar distinto, la
adición del silicio entre los elementos químicos del cuerpo y una inquietante representación
de un ser ligeramente diferente del ser humano.
Un año después, en agosto de 2002, aparecería en un campo de Winchester, a pocos kilómetros de Chilbolton y junto a una antena de radio, un rostro aparentemente no humano. Junto a él, inscrito en un círculo y en código binario, este mensaje: “Cuidado con los portadores de regalos falsos y sus promesas rotas. Mucho dolor pero aún hay tiempo. Crean que hay bien allá afuera. Nos oponemos al engaño. Cerrando conducto (sonido de campana).”
Un año después, en agosto de 2002, aparecería en un campo de Winchester, a pocos kilómetros de Chilbolton y junto a una antena de radio, un rostro aparentemente no humano. Junto a él, inscrito en un círculo y en código binario, este mensaje: “Cuidado con los portadores de regalos falsos y sus promesas rotas. Mucho dolor pero aún hay tiempo. Crean que hay bien allá afuera. Nos oponemos al engaño. Cerrando conducto (sonido de campana).”
“Lo que signifique esto para ustedes –concluyó
el profesor Fuentes- pues ahí se queda; es
una interpretación pura y dura”.